Es mejor tener una metodología que no tenerla, pero es mucho mejor tener una metodología efectiva.

Las metodologías efectivas ejercen control sobre los niveles de error durante su aplicación generando con ello, una mejor productividad.

Cuando se instala una metodología efectiva, debe generarse una práctica de aplicación y cuando se demuestra su efectividad, se convierte en la mejor práctica de la organización. De tal forma, las mejores prácticas de la organización se forman con el uso cotidiano y la aplicación de metodologías efectivas.


Para calificar una metodología como efectiva deben cumplirse cinco condiciones indispensables:

  1. 1. Enfocada al logro de resultados de alta visibilidad. La metodología debe ser pertinente y capaz de generar resultados inmediatos de alta visibilidad.
  2. 2. Claridad en su comprensión y aplicación. Aplicación. Cualquier persona que utilice y aplique la metodología, debe poder entenderla y administrarla, así como poder explicarla a otros.
  3. 3. Facilidad en su instalación y transferencia. La metodología debe poderse instalarse sin enfrentar un alto grado de complejidad y sin requerimientos especiales. Debe transferirse por capacitación y garantizar a los usuarios que funcionará, que es pertinente y relevante para el usuario y la organización.
  4. 4. Fundamentada en procesos lógicos que permitan establecer secuencias de aplicación apoyándose en pasos anteriores y estableciendo razones para pasos posteriores. Quien la usa y la aplica podrá identificar en qué paso se deben hacer las correcciones para alcanzar el resultado esperado.
  5. 5. Sustentada sobre conceptos racionales. La razón para utilizar la metodología debe expresarse de manera clara y concisa. Así como, el racional de la metodología, los conceptos en los que se basa y los pasos que la integran.

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